Cómo calcular tu tarifa por hora como freelance (sin quedarte corto)

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Dos números para la misma persona: 10,60 y 27,85. Es la tarifa por hora de un diseñador que quiere llevarse 1.500 dólares limpios por mes, calculada de dos maneras distintas. La primera es la cuenta que hace casi todo el mundo. La segunda es la que le deja efectivamente esos 1.500 en el bolsillo.

Son casi tres veces. Y no hay nada inflado en la segunda: lo que pasa es que la primera cuenta tiene tres agujeros.

A mí me costó entenderlo. Cuando arranqué con redacción y edición de video cobraba 1.500 pesos por guiones que me llevaban cuatro horas armar. Me acuerdo del día exacto en que me cayó la ficha: iba en el colectivo desde mi pueblo hasta Córdoba y me puse a sacar cuentas con la calculadora del celular. Trabajando en un quiosco ganaba el triple, fijo, y sin quemarme la cabeza. Esa cuenta miserable arriba del bondi no me la olvido más.

Por qué la cuenta fácil te deja corto

La cuenta fácil es: cuánto querés ganar por mes, dividido por las horas que trabaja un empleado. Querés 1.200, dividís por 160, te da 7,50 y parece razonable.

No todas tus horas son facturables

Un empleado cobra las 160 horas del mes, haga lo que haga durante ellas. Vos no. Las horas que pasás respondiendo a clientes potenciales que nunca contratan, armando presupuestos, haciendo facturas, persiguiendo pagos, actualizando el portfolio o aprendiendo una herramienta nueva son trabajo que nadie te paga.

Con el negocio ya andando, un freelance factura entre el 50% y el 65% de las horas que trabaja. Si recién arrancás y estás buscando clientes, el número baja: puede ser 40% o menos, porque la búsqueda te come el día.

Un sueldo no es lo mismo que una facturación

En relación de dependencia, mucho de lo que recibís no aparece en el recibo: aportes jubilatorios, obra social, aguinaldo, vacaciones pagas, licencia por enfermedad. Por tu cuenta, todo eso sale de lo que facturás.

Lo que entra a tu cuenta no es tu ganancia. Es el total del que después salen impuestos, aportes, herramientas y lo que apartás para los meses flojos.

Las comisiones no son un detalle

Entre comisiones de plataforma, de pasarela de pago y el costo de convertir a pesos, es normal que entre el 5% y el 15% de una factura internacional nunca llegue a tu bolsillo. Si no lo contemplaste en la tarifa, lo estás pagando vos.

El método, paso a paso

Paso 1: cuánto necesitás ganar, en limpio

Arrancá por tus gastos personales reales de un mes: alquiler o expensas, comida, transporte, servicios, salud, lo que le mandes a tu familia, y un monto para salir y para imprevistos. No lo idealices: anotá lo que gastás, no lo que te gustaría gastar.

A ese número sumale lo que querés ahorrar por mes. Si no lo ponés explícitamente, no va a sobrar nunca. Ese total es tu objetivo en limpio.

Paso 2: sumá los gastos del negocio

Todo lo que gastás para poder trabajar, llevado a un promedio mensual:

  • Suscripciones: software de diseño o edición, almacenamiento en la nube, IA, hosting y dominio si tenés web propia.
  • Equipamiento amortizado: la computadora no es un gasto de un mes. Dividí lo que te salió por los meses que esperás usarla. Una máquina de 1.500 dólares que te dure tres años son unos 42 dólares por mes. Sumá monitor, auriculares, micrófono, silla.
  • Servicios del trabajo: la parte de internet y luz que usás para trabajar, o el coworking si vas a uno.
  • Formación: cursos, libros, lo que inviertas en no quedarte atrás.
  • Profesionales: el contador, si tenés.

Paso 3: calculá tus horas facturables reales

Decidí cuántas horas por semana querés trabajar en total. Pongamos 40: son unas 173 horas al mes.

Restale lo que no se factura. Si tu porcentaje facturable es del 60%, te quedan unas 104 horas cobrables.

Y restá las vacaciones. Si pensás tomarte tres semanas al año y dejar margen para enfermarte, no trabajás doce meses: trabajás unos once. Dividí el año por 11 en vez de por 12 y la tarifa te va a salir más honesta.

Paso 4: agregá impuestos y comisiones

Acá está el error de cálculo que comete casi todo el mundo. Si tus impuestos y comisiones se llevan el 25%, no alcanza con multiplicar por 1,25.

Tenés que dividir por (1 menos el porcentaje). Con 25%, dividís por 0,75. La diferencia no es menor: sobre 1.000, multiplicar por 1,25 te da 1.250, y de ahí el 25% deja 937. Dividiendo por 0,75 te da 1.333, y de ahí el 25% deja exactamente los 1.000 que necesitabas.

Todo junto queda así:

(Objetivo en limpio + gastos del negocio) ÷ (1 − % de impuestos y comisiones) ÷ horas facturables al mes = tu tarifa por hora

De dónde salieron los 27,85

Volvamos al diseñador del principio, que quiere llevarse 1.500 limpios y ahorrar 200 más.

  • Objetivo en limpio: 1.700
  • Gastos del negocio: suscripciones 60, equipo amortizado 50, internet y luz 30, formación 25, contador 40 = 205
  • Subtotal: 1.905
  • Impuestos y comisiones estimados: 28% → 1.905 ÷ 0,72 = 2.646 que necesita facturar
  • Horas: 40 semanales → 173 al mes, al 60% facturable = 104 horas
  • Ajuste por vacaciones y meses flojos: unas 95 horas útiles promedio

2.646 ÷ 95 = 27,85 dólares por hora. Contra los 10,60 que daba dividir 1.700 por 160.

Si no querés armar la planilla a mano, en el sitio tenés la calculadora de tarifa por hora: cargás tus gastos, tus horas y tu porcentaje de impuestos, y te devuelve el número. Corre en tu navegador y no guarda nada de lo que escribas.

Qué hacer con el número que te dio

Si te parece carísimo

Es la reacción normal la primera vez, y casi nunca significa que el cálculo esté mal. Significa que venías cobrando por debajo de tu costo y lo compensabas con horas de más.

El peor error que me mandé en ese sentido fue agarrar un paquete mensual para un tipo de Capital que vendía cursos de criptomonedas: 50 lucas por 20 guiones más la edición de los reels. A mitad de mes dormía tres horas por día y él me escribía por WhatsApp exigiendo como si me pagara en euros. Terminé el mes sin decir nada y al siguiente le avisé que mi tarifa pasaba a 200 lucas. Me mandó a pasear, obvio. Fue el mejor «no» que me dijeron nunca: a partir de ahí puse un piso, y hoy no prendo la computadora por menos de 20 dólares la hora.

Antes de bajar el número, mirá las tres palancas reales: subir tu porcentaje de horas facturables, bajar gastos que no usás, o trabajar más horas. Bajar la tarifa es la cuarta opción, no la primera.

No se la muestres al cliente

La tarifa por hora es tu herramienta interna de control, no tu forma de vender. Cotizar por hora te castiga por ser rápido: cuanto mejor sos, menos cobrás por el mismo resultado. Y encima invita al cliente a discutir tus horas en lugar de tu trabajo.

Usala para estimar puertas adentro y cotizá por proyecto. Si un trabajo te lleva 20 horas y tu tarifa es 28, tu piso es 560. Lo que pongas arriba de eso depende del valor que tenga para ese cliente, de la urgencia y de cuánto lo quieras tomar.

Revisala dos veces al año

Tus gastos cambian, tu nivel sube y los precios se mueven. Una tarifa que calculaste hace un año y no tocaste es, casi seguro, una tarifa vieja. Poné una fecha fija en el calendario, enero y julio por ejemplo, y sacale la revisión a tu memoria.

Dos recargos que casi nadie cobra

Por urgencia. Si un cliente te pide algo para pasado mañana y eso te obliga a mover todo lo demás, tiene un costo real. Un 25% a 50% sobre la tarifa normal es estándar, y la mayoría lo entiende cuando se lo planteás de entrada.

Por cliente difícil. Si ya sabés que alguien pide tres rondas de cambios por entrega y escribe los domingos, eso son horas. Ponelas en el presupuesto, o acotá por contrato cuántas revisiones entran.

Al final todo se reduce a esto: tu tarifa no es lo que querés ganar dividido por las horas del mes, es lo que necesitás facturar dividido por las horas que realmente podés cobrar. Entre una cuenta y la otra está la diferencia entre llegar justo todos los meses y poder guardar algo. Sacá la cuenta de cuánto te cuesta tu hora de vida.

Nota: los montos de este artículo son ejemplos para ilustrar el método. Tus porcentajes de impuestos dependen de tu situación fiscal; para eso, lo correcto es consultarlo con un contador.

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