Glosario freelance

Un cliente te escribe pidiendo que le pases el scope, otro quiere saber si trabajás con retainer, y un tercero te habla de white label. Ninguna de las tres cosas es complicada, pero si no las escuchaste antes la conversación se vuelve incómoda. Acá están explicadas, agrupadas por dónde te las vas a cruzar.

Revisado el 15/10/2026

Cuarenta términos que aparecen en presupuestos, contratos y mensajes de clientes, con lo que conviene mirar en cada uno. Usá Ctrl+F (o Cmd+F) para buscar uno puntual.

Dinero y cobros

Tarifa por hora. Lo que cobrás por cada hora trabajada. No es tu sueldo dividido por las horas del mes: tiene que cubrir también las horas no facturables, los gastos, los períodos sin trabajo y los aportes. La calculadora de tarifa hace esa cuenta.

Precio por proyecto. Un monto cerrado por un resultado, sin importar cuánto tardes. Te conviene cuando sos rápido en algo; te perjudica si el alcance no quedó claro, porque cada cambio sale de tu bolsillo.

Anticipo o seña. La parte que cobrás antes de empezar, habitualmente entre el 30% y el 50%. No es desconfianza: es lo que hace que el proyecto sea real para las dos partes.

Retainer (iguala). Un monto fijo mensual a cambio de disponibilidad o de una cantidad acordada de trabajo. Lo bueno es la previsibilidad; lo riesgoso es no definir el límite, porque “estar disponible” sin tope se convierte en trabajo de tiempo completo mal pago.

Hitos (milestones). Partir el proyecto en etapas con entrega y pago en cada una. Es la mejor protección en proyectos largos: si el cliente deja de pagar, perdés una etapa y no el proyecto entero.

Net 30. El cliente paga dentro de los 30 días de recibida la factura. También existen net 15 y net 60. Es la condición que más conviene negociar y la que menos se negocia.

Flujo de caja. La plata que entra y sale mes a mes, que no es lo mismo que si ganás o perdés. Podés tener un año rentable y aun así no llegar a fin de mes porque todos te pagan a 60 días.

Horas no facturables. Todo lo que hacés y nadie te paga: presupuestar, responder mensajes, facturar, aprender, buscar clientes. En la práctica es una porción grande de la semana y tiene que estar dentro de tu tarifa.

Comisión de plataforma. Lo que se queda el intermediario por procesar el cobro. Mirá siempre el total: suele ser un porcentaje más un fijo, y a eso puede sumarse el spread del tipo de cambio si cobrás en otra moneda.

Spread cambiario. La diferencia entre la cotización que usa la plataforma para convertirte la plata y la del mercado. Es un costo real aunque no aparezca listado como comisión.

Chargeback. Cuando el cliente desconoce un pago con tarjeta y el dinero se te retira. Para protegerte, guardá el acuerdo por escrito y la constancia de la entrega.

Lo impositivo cambia seguido y varía según dónde estés inscripto. Nada de lo que hay en este glosario reemplaza la consulta con un contador: confirmá con un profesional antes de tomar una decisión que dependa de esto.

Acuerdos y forma de trabajar

Alcance (scope). Qué incluye el trabajo y, sobre todo, qué no. Es el párrafo más importante de cualquier presupuesto y el que más se escribe apurado.

Scope creep. El crecimiento silencioso del trabajo: pedidos chicos que se van sumando hasta que estuviste el doble de tiempo por el mismo precio. No se combate diciendo que no a todo, sino teniendo escrito qué estaba incluido.

Entregable. La cosa concreta que recibís o entregás: un archivo, un sitio publicado, un documento. Si un entregable no se puede nombrar en una frase, no está bien definido.

Rondas de revisión. Cuántas veces el cliente puede pedir cambios dentro del precio acordado. Dos o tres es lo habitual; sin un número escrito, son infinitas.

Brief. El documento donde el cliente cuenta qué necesita, para quién y con qué restricciones. Si el cliente no te lo da, armalo vos y pedile que lo confirme por escrito.

Onboarding. Los primeros pasos cuando arranca un cliente nuevo: accesos, materiales, canales, expectativas. Tener esto como una lista fija ahorra una semana de ida y vuelta por proyecto.

Cesión de derechos. Qué puede hacer el cliente con lo que le entregaste y durante cuánto tiempo. No es automático ni total salvo que lo digas: podés ceder el uso para un fin específico y conservar el resto.

White label. Trabajás para una agencia o estudio que le presenta el trabajo al cliente final como propio. Suele pagar menos por hora, pero el cliente ya viene filtrado y no tenés que conseguirlo vos.

NDA. Acuerdo de confidencialidad. Normal en proyectos grandes. Lo único a revisar antes de firmar es si te impide mostrar el trabajo en tu portfolio y por cuánto tiempo.

Asíncrono. Forma de trabajar donde no se espera respuesta inmediata y cada mensaje se escribe completo. Es lo que hace viable trabajar con clientes de otro huso horario.

Cláusula de cancelación. Qué pasa si el proyecto se frena a mitad de camino. Lo mínimo razonable es que cobres lo trabajado hasta ese momento y que el anticipo no se devuelva.

Kill fee. Un monto acordado de antemano para el caso de que el cliente cancele un trabajo ya encargado. Habitual en medios y en producción editorial.

Conseguir clientes

Lead. Alguien que mostró interés pero todavía no es cliente. Un lead no es trabajo: es una conversación que puede no llegar a nada.

Pipeline. El conjunto de conversaciones abiertas en distintas etapas. Mirarlo una vez por semana es lo que evita el ciclo de tener demasiado trabajo un mes y ninguno al siguiente.

Tasa de conversión. Qué porcentaje de presupuestos termina en trabajo. Si es muy baja, el problema suele ser el filtro de a quién le presupuestás. Si es cercana al 100%, probablemente estés cobrando poco.

Nicho. Especializarte en un tipo de cliente o de problema. Achica el mercado y sube la tarifa, porque alguien que resuelve exactamente tu problema vale más que alguien que hace de todo.

Propuesta de valor. Para quién trabajás, qué resolvés y por qué vos. Si no entra en dos frases, el cliente tampoco la va a poder repetir cuando te recomiende.

Caso de estudio. La historia de un trabajo contada como problema, qué hiciste y qué resultó. Convence muchísimo más que una galería de imágenes sueltas.

Cold outreach. Escribirle a alguien que no te conoce. Funciona solo si demostrás que miraste su situación concreta; un mensaje genérico enviado a cien personas rinde casi cero.

Referido. Un cliente que llega recomendado por otro. Es la fuente más barata y la de mejor calidad, y casi siempre crece simplemente pidiendo la recomendación al terminar bien un trabajo.

Marca personal. Lo que la gente asocia con tu nombre cuando no estás presente. Se construye mostrando cómo trabajás, no hablando de vos.

Web y técnica

Dominio. La dirección de tu sitio. Se alquila por año, no se compra para siempre, y conviene tenerlo a tu nombre y no al de quien te hizo la web.

Hosting. El servicio donde viven los archivos del sitio. Es una cosa distinta del dominio y se puede cambiar sin perder la dirección.

DNS. La guía telefónica que conecta tu dominio con tu hosting. Cuando algo “no aparece todavía” después de una mudanza, casi siempre es esto propagándose.

SSL. El certificado que hace que la dirección empiece con https y el navegador no muestre advertencia. Hoy es gratis y no negociable.

CMS. El sistema con el que editás el contenido sin tocar código. WordPress es el más conocido, pero no el único.

Landing page. Una página con un solo objetivo y, de ser posible, un solo botón. Cada enlace extra que le agregues le baja la efectividad.

SEO. El trabajo de que tu página aparezca en los buscadores cuando alguien busca lo que resolvés. Es lento y acumulativo; no da resultados en un mes.

Core Web Vitals. Las tres métricas con las que Google mide la experiencia de carga de una página. Están explicadas en la guía de por qué tu web carga lenta.

Responsive. Que el sitio se acomode a cualquier tamaño de pantalla. Dejó de ser un extra hace años: la mayoría de las visitas llegan desde un teléfono.

Backup. La copia de seguridad del sitio. Lo único que importa de un backup es que alguna vez lo hayas restaurado para comprobar que sirve.

Mockup. Una representación visual de cómo va a quedar algo, antes de construirlo. Sirve para acordar con el cliente sin gastar el tiempo de hacerlo de verdad.

Vectorial. Un archivo hecho de formas y no de píxeles, que se agranda sin perder nitidez. Es el formato en el que siempre tenés que entregar un logo.


¿Falta algún término que te cruzaste y no estaba? Escribinos y lo agregamos en la próxima revisión.

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